No sé cómo se hace

No sé cómo se hace

No toques el fuego, porque te podés quemar; no conduzcas con los ojos cerrados, porque podés chocar; no tomes veneno, porque te podés intoxicar.

Cuidate. Querete.

Hay reglas básicas de supervivencia que nos mantienen vivos, que evitan que nos lastimemos. Hay reglas básicas que todos conocemos, porque sabemos la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Pero, ¿Qué pasa cuando la línea que divide lo que debemos de lo que no debemos hacer se vuelve borrosa? ¿Qué pasa cuando los límites desaparecen y la locura le gana a la razón?

Cuento una, dos, tres veces, y mi reservorio de pañuelos sucumbe ante tus lágrimas. Cuento 10, 20, 30, y mis brazos duelen de la impotencia ante los abrazos que contienen pero que no resuelven. Dejo de contar las veces que prometiste que esta vez sería distino, porque sabemos que tu decisión nunca va a cambiar.

Respiro profundo y me corro de la puerta. Te dejo ir, aún sabiendo que la próxima vez que cruces ese umbral voy a tener que juntar los pedazos de nuevo. Escucho las excusas en silencio, y te dejo representar el papel que necesites para que puedas creer tus propios argumentos. Veo cómo tu dignidad es comida por tu falta de amor propio, y no importa cuánto amor pueda darte, nunca es suficiente para hacerte ver lo que valés.

Intenté todas las tácticas. Fui cuidadosa y comprensiva, fui dura y directa, fui punto final y ultimatum, fui guía y bote salvavidas. Pero nada de eso sirvió.  No sé cómo se hace. Así que vuelvo al punto de partida y espero que la pesadilla vuelva a empezar.

Ya no te digo que no toques el fuego, porque aprendiste a convivir con tus heridas. Ya no te digo que no conduzcas con los ojos cerrados, porque te hiciste adicta al dolor y la adrenalina.  Ya no te digo que no tomes veneno, porque sus palabras se volvieron elixir en tu boca. Pero cada vez que veo cómo se vacía tu alma, me pregunto cómo llegaste al punto de creer que el infierno puede ser tan encantador.

No puedo pelear tus batallas. No puedo deshacer tus errores. No puedo tomar tus decisiones. Pero no sé cómo se hace para ser cómplice de tanta tristeza. No sé cómo se hace para ir y volver por un camino de espinas por puro placer. No sé cómo se hace para quedarse inmóvil ante un accidente predestinado. No sé cómo se hace para justificar cualquier maltrato, cualquier desprecio, cualquier mentira.

Y espero no saberlo nunca.

S.

 

The world is a dangerous place to live; not because of the people who are evil,

but because of the people who don’t do anything about it.

– Albert Einstein.



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