Quiero que te quedes

Quiero que te quedes

Él:

Se acercó despacio, prestando más atención a sus pasos que a mi presencia. Y antes de que empezara nuestra conversación, yo ya tenía un listado de frases que debía decir en mi cabeza. Ordené mis pensamientos y empecé mi discurso.

No sé si fue su perfume, su forma de mirarme o su simple presencia. Pero después de repetir sin sentido oración tras oración, me detuve un segundo y la miré a los ojos.  No encontré allí respuestas, sino preguntas que querían desordenar todo lo que tenía planeado y moverme fuera de mi eje. Abrí la boca para continuar hablando como si nada hubiera sucedido, pero ya era tarde, no tenía el control de lo que decía.

Es fácil para mí hacer que las palabras salgan por mi boca y suenen bien. A veces parece que tengo todo resuelto, porque puedo manejar las palabras a mi antojo. Creo con ellas mundos oscuros que reciben luz, vidas monótonas que abrazan el cambio, torrentes de esperanza en donde antes sólo había tristeza.

Es fácil impulsarte a ser luz del mundo, cuando no tengo que mostrarte cómo se hace. Porque no sabría ni por dónde empezar. No soy ejemplo, soy fantasía. Soy artista que no puede tomar un pincel, pero que sí puede guiar tu mano hasta que encuentres el indicado para vos, y con él comiences a dibujar aquello que no sabías que querías.

Soy esa figura que aparece en medio del laberinto y te ayuda a encontrar la salida. Soy la mano que te ayuda a levantarte después de que te dieras por vencido. Pero mis palabras son mis cadenas, porque no puedo mentirte con ellas. No puedo hacer promesas que se que no puedo cumplir. No puedo involucrarme en acción porque es una dimensión desconocida para mí.

Soy ausencia que necesita de vos para ser. Soy herramienta que sólo cobra vida cuando alguien me llama. Mantengo los ojos abiertos el tiempo suficiente para mirar  y decir que “todo va a estar bien”. Pero el resto del tiempo soy náufrago en busca de tierra firme. Perdido en medio de un mar en calma por no saber hacia dónde avanzar.

Pero aparecés frente a mí, y el silencio ya no se siente asfixiante. Tu mirada no pide, sino que da. Y aunque puedo ver tu propia tormenta, no quiero hablar y huir, sino que quiero fundirme en ella y atravesarla junto a vos. Me pierdo en tus gestos, tratando de entender qué es lo que no me están diciendo, y no sabés cuánto quiero saber lo que no me estás diciendo.

¿Por qué yo, si no soy héroe? ¿Por qué yo, si ni siquiera conozco la razón por la que estoy acá? ¿Por qué yo, si tengo mis propios demonios que no puedo enfrentar? ¿Por qué te estoy diciendo todo esto? ¿Por qué no puedo parar? ¿Por qué lo único en lo que puedo pensar es en desatar el nudo de tus manos y unirlas con las mías? ¿Porqué estos centímetros que nos separan los siento como kilómetros de inmensa soledad que sólo se curan si te acercás? ¿Por qué siento que este momento a tu lado hace que todo vuelva a tener sentido?

 

____________________________________________________________________________________________

Ella:

Al principio su boca hablaba alegre, pero en sus ojos había una tristeza interminable. Escuchaba sin escuchar, porque sentía que eran palabras sin sentido. Yo también había estado ahí, siendo contención, entregando luz en mi propia oscuridad. Percibía sus dudas golpear una puerta que no quería ser abierta, todos sus esfuerzos tratando de empujar la tormenta que quería hacer nido en su cabeza. Quería decirle que no era necesario que representara un papel para mí, que sus miedos eran también los míos, que podíamos compartirlos. Abrí a penas la puerta de mis pensamientos, porque ya no quería esconderlos, sino liberarlos. Quería encontrar un punto medio en donde no tuviéramos que jugar a ser lo que no somos. No sé exactamente qué dije, pero por primera vez sus ojos se posaron en los míos sin muros ni apariencias. ¡Dios, me hubiera quedado en ese momento toda la eternidad!. Pero el tiempo corre más rápido cuando los latidos se aceleran. Y antes de que pudiera decir algo, levantó sus muros otra vez, dejándome afuera y desconcertada.

Podría haberme quedado ahí sentada, inmóvil. Pero sabía que hay momentos en la vida en los que hay que hacer que las cosas sucedan, en lugar de quedarse esperando. Así que me paré de un salto y tomé su mano para detenerlo. Sin saber si era lo correcto, le dije que no necesito un príncipe azul que venga al rescate, porque hace tiempo que vengo practicando ese papel yo misma. Que no necesito respuestas armadas ni frases hechas, ya que prefiero silencios verdaderos y dudas reales. Le dije que no necesito su luz, porque prefiero que baile conmigo en la oscuridad hasta que creemos chispas que enciendan el cielo.

Y antes de que se me apague la voz, le dije al oído “Quiero que te quedes”.

Y así empezó.

S.

If you dare, come a little closer



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *