Delilah

fácil

 

No, no reescribas lo que podrías haber dicho, porque la memoria a veces juega juegos con nuestros recuerdos. Yo también hubiera querido decir tantas cosas, pero las promesas nunca fueron mi fuerte. A veces me pregunto si la noche fue tan estrellada como yo la recuerdo, o si tu sonrisa era tan brillante como la veo cada vez que cierro los ojos. ¿Qué habrá pasado por tu cabeza ante mis silencios, ante mis historias, ante mis miedos? ¿Qué hubiera pasado si el tiempo no se nos hubiera acabado? ¿Qué hubiera pasado si mi destino no estuviera a miles de kilómetros? Quizás hoy habría canciones que hablaran de los dos, de los momentos que hicimos nuestros, y que podrían acompañarme a donde sea que vaya. Quizás vos le hubieras puesto la música y yo la letra a las tormentas que nos acechan, para que esperáramos juntos los días de sol. Quizás de tu mano la espera no sería tan pesada, ni lo incierto tan desconcertante. Porque podríamos haber espantado juntos las dudas, y podríamos habernos reído de todas las respuestas que aún nos faltan.

No, no reescribas lo que podrías haber dicho, porque el universo tenía preparado otro camino para los dos, y quizás la despedida fue el momento más dulce de esta historia. Quizás en otra vida pueda volver a cruzarte y sea el tiempo correcto. Quizás allí pueda descubrir si tu mano encaja perfecta con la mía, y si tus sueños y los míos pueden ser punto de partida de un futuro en común. Podría abrazarte hasta que se apague la última estrella, y dormir al ritmo de tus latidos. Podrías dejar de correr en busca de refugio, porque encontrarías paz en mi corazón. Yo podría volar tan alto como quisiera, porque tu presencia sería el viento que daría fuerza a mis alas. Y mis palabras saldrían a borbotones de mi alma, para unirse al papel y crear historias que hablen de amor y de esperanza.

No, no reescribas lo que podrías haber dicho, porque los dos sabemos que de habernos quedado la historia hubiera terminado antes de empezar. El reloj hubiera puesto un obstáculo tras otro para hacernos tropezar, y el sol se hubiera escondido tras las nubes de la razón. Dejemos que lo que no dijimos sea uno de esos misterios que no hay que resolver. Dejemos que la imaginación complete los espacios vacíos hasta que se canse y pase a otra cosa. Dejemos que la noche caiga sobre todas las posibilidades que no serán, y que el amanecer nos muestre lo que sí podemos tener. Y así del otro lado del mundo podré pensar en ese día sin tristeza, recordar tus dedos sobre la guitarra, en lo mucho que deseaba ser Delilah, cerrar los ojos y sentir que estabas a mi lado. Podré decir adiós sin arrepentimientos, y desearte amor a donde sea que vayas.

No, no reescribas lo que podrías haber dicho, porque fue perfecto tal cual sucedió.

S.