Barcelona no es la misma sin vos

Barcelona no es la misma sin vos

 

No sé si Barcelona me hizo amarte o vos me hiciste amar Barcelona. Sólo sé que ahora forman un todo indivisible,  un amor que nació sin darme cuenta en las callecitas de Born, y ahora me acompaña a donde sea que vaya.

Extraño caminar a tu lado mirando al cielo, descubriendo a los amantes que se besan en los balcones, o admirando los edificios en donde quisiéramos vivir; recordando historias de épocas medievales, o siguiendo la música de una fiesta escondida en calles de adoquines. Porque a tu lado cada detalle se volvía un mundo, y las piezas encajaban sin ningún esfuerzo. En cambio ahora el gris parece más oscuro, y ya no logro seguirle el ritmo a la melodía de esta ciudad. Ahora este departamento que nos hacía tropezar uno con otro, y que nos obligaba a jugar al tetris con sus muebles, me parece un infinito que se va tragando nuestros recuerdos y sólo me devuelve aire sin risas, ni miradas, ni caricias. Barcelona no es la misma sin vos, y yo tampoco.

Llevo contados los minutos que pasaron desde que te fuiste, desde tu último abrazo, desde la sonrisa triste a través de la ventanilla del tren. Siento el peso de todas las palabras que no te dije, de todas las razones que me guardé, y los silencios que no te dejé llenar con tus propuestas. Voy sin rumbo por las calles que recorrimos juntos, y repaso en la mente cada dato curioso que se te ocurrió decirme. No sé dónde aprendiste tantas cosas, o si simplemente las inventaste, pero podrías haberme dicho la más grande de las mentiras y yo te hubiera creído.

Paso por Career de Meer, donde está La Roseta, y quiero entrar y hacer como si nada hubiese cambiado, pero tantas cosas cambiaron. Vos ya no estás ahí para reírte de mis chistes malos y de mi insistencia en que no podía irme sin que me gustara el café. ¿Cuántas tazas dejé a la mitad mientras vos dibujabas con tus manos mis ojos, mi boca y hasta mis pensamientos? Si supieras que tu mirada era mucho más efectiva que tus canciones al oído, porque me dejaba entender el pasado, presente y futuro. Quizás por eso siempre interrumpías esa conexión, porque el reloj nos apuraba, y le jugábamos una carrera al tiempo en desventaja.

Manuel sigue tocando su guitarra en la puerta de su casa, incluso a veces esas canciones argentas que le enseñaste. Lo escucho desde nuestro balcón y él siempre se saca el sombrero en señal de saludo cuando me ve, igual que lo hacía cuando nos veía juntos. Pero a mí no se me ocurren frases de canciones para regalarle;  esa era tu manera de comunicarte. Por un lado mejor, porque yo sí soy vergonzosa.  Yo sí creo que cantar desde un balcón, o pararse arriba de un banco en una plaza a repartir frases de amor es una locura, pero de esas locuras de loco lindo que a vos te quedaban tan bien. Por eso escribo lo primero que se me pasa por la cabeza y lo escondo en nuestro banco preferido de La Ciutadella, para que puedas encontrarlo cuando vuelvas. Porque ahora tenés que volver para enterarte lo que dice.

Y sé que nunca hablamos de qué iba a pasar después; porque la suerte o el destino nos habían encontrado acá, y quién sabe lo que nos tenían preparado en el futuro. Pero ahora Barcelona se siente incompleta sin tu voz, y yo me siento incompleta sin vos. Y aunque jamás creí que podría decir esto, el mundo se siente incompleto si no estás cerca. Por eso quiero que sepas que ya no hay aviones, ni distancias, ni lugares de ensueño que no me hagan recordarte. Porque tu esencia me persigue a donde vaya, y mis horas van al ritmo de tus horas. Así que ahora estoy de nuevo en este aeropuerto, que guarda la llave de los kilómetros que el amor no puede borrar, con un te quiero en forma de beso que espera ansioso volverte a encontrar.

 

S.