Julio: Construir puentes

agosto - Here Comes Sol

 

¡Hola!

Espero que estén teniendo un hermoso día y un muy muy muy lindo mes.

Sí, se que julio empezó hace ya unos días, pero me ganó un poco la rutina y no quería poner cualquier cosa sólo por cumplir. No quería sentir que lo que estaba compartiendo era sólo por obligación. Así que si el calendario (y reflexión) de este mes se retrasó un poco, fue sólo para hablarles desde el corazón, como intento hacerlo siempre.

El mes pasado pasaron tantas cosas, que mi cabeza era un pequeño caos con ideas y sentimientos revoloteando por todo el lugar. A veces es tan abrumador todo lo que pasa por nuestro corazón, que queremos pausar el mundo y escondernos, así me sentía. Había tantas cosas que me habían conmovido, que no sabía cómo ponerlas en palabras. Y cuanto más me quedaba en silencio, más confundida me sentía. Era como si la vida me hubiera estado hablando en un idioma que no podía comprender.

Y eso me hizo pensar en lo mucho que suelo hacer eso, esconderme. No sé exactamente cuándo comencé a hacerlo, pero cuando la vida me pesa demasiado tiendo a encerrarme en mí misma, creyendo que es mejor resolver lo que sea que me esté pasando en soledad, así no molesto a nadie. Corto lazos y construyo muros a mí alrededor, con la firme convicción de que el mundo no necesita atravesar por mis estados de ánimos, cambiantes y volátiles. Siempre creí que era mi forma de proteger a la gente que amo, que cada uno tiene su propia mochila que cargar y que si desaparezco unos días nadie lo iba a notar.

Pero todo eso se desmoronó cuando comprendí que soy parte de una cadena invisible, de una red que nos une a todos, y que cada una de mis decisiones tienen efecto en más personas de las que pudiera imaginar. Esa verdad fue como un despertar fuerte pero necesario. Me hizo volver a conectarme de una forma mucho más profunda con cada persona que pasa por mi vida, desde los desconocidos que me cruzo por la calle, hasta esas pepitas de oro que llamo familia y amigos, que son mi mayor tesoro.

El comienzo de este mes estuvo lleno de amor, de ese amor desinteresado que te cambia y no podés volver a ser la misma. Ese amor que te abre los ojos y te hace replantearte todo en lo que habías creído hasta el momento. Amor que viene de personas conocidas y desconocidas que deciden  compartir sus miedos y sus alegrías con los demás. Cuán valientes y admirables son para mí las personas que viven a corazón abierto.

Todo ese descubrimiento me hizo plantearme este comportamiento irracional de no ver cómo mis ausencias y silencios podían afectar a los demás, de cómo esos muros que levantaba creaban heridas en las personas que querían estar ahí para mí, incluso en mis momentos más oscuros. Ví cómo las palabras que no decimos y los sentimientos que nos guardamos nos hacen sentir vacíos y solos, cuando en verdad no lo estamos.

Me sorprendió darme cuenta que no era la única que hacía esto. Me alarmó encontrarme con tantas personas que repiten una y otra vez ese error de subestimar cuánto bien le hacen a este mundo. Me dolió ver cómo esta generación se siente sóla y poco importante, a pesar de la gran cantidad de barreras que logramos vencer como sociedad. Y me hizo preguntarme en qué momento comenzamos a pensar que contruir paredes y divisiones, era más importante que contruir puentes.

Los puentes, esas pequeñas manos que se entrelazan y que siempre cumplen la misma función, unir. Puentes que sirven para acortar distancias, para ir hacia nuevos destinos, y también para volver renovados. Lugares de intercambios que son escenarios de bienvenidas y despedidas, de llantos y sonrisas, de finales y comienzos. ¿Qué tanto más felices seríamos si aprendieramos a contruir más puentes a nuestros alrededor?

Y me recordó  un poema de Mario Benedetti que me gustaría compartirles

“Cómo hacerte saber…”

Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que sería mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder también puede ser avanzar.

Hoy siento que no tengo todas las respuestas que me gustaría, pero sé que no quiero vivir una vida siendo una isla, una pequeña náufraga en medio del mar. Tengo un camino largo y lleno de sorpresas por delante, pero hago el primer paso con fe de que cada decisión que tome me llevará a un lugar mejor. Y de que en cada uno de mis pasos está la posibilidad de hacerle más simple y agradable el camino a alguien más.

Por eso quiero decirte que, no importa qué tan confusos parezcan esos sentimientos que te invaden el cuerpo y el corazón, no importa cuán oscuros puedan ser los pensamientos que cruzan por tu mente, no estás solo. Las palabras que no decís se convierten en muros impenetrables que se van irguiendo a tu alrededor y amplifican las sombras y las penas. Siempre existe una manera de vencer esos miedos y dejar al mundo entrar, de contruir puentes que te acerquen hacia las soluciones, hacia las personas de abrazos fuertes y sanadores. Hay tanta gente ahí afuera dispuesta a dar amor, que es una pena perderse la oportunidad de conocerlas.

Y por si todo eso no fuera suficiente, está la certeza de saber que no podemos predecir cómo afectarán nuestras acciones a los demás. Quizás ese pequeño paso de fe hacía la luz, hace que luego puedas encender el corazón de muchas otras personas más que están esperando ser rescatadas. No seamos tan egoístas de pensar que el mundo no sentiría nuestra ausencia, de que no tenemos nada bueno para aportar, porque el amor que tenemos para ofrecer puede crear una avalancha de buenas acciones imposible de frenar. ¿Y quién no desea un mundo lleno de gente buena haciendo cosas buenas por los demás?

Así que mi propósito de este mes (y del resto de mi vida) es construir puentes.

Espero que ustedes también puedan hacerlo.

“Yo dibujo puentes para que me encuentres” – Elsa Bornemann

Julio - Here Comes Sol

 

¡Que tengan un mes increíble!

Abrazos infinitos.

 

S.