Capítulo 11 – Que empiece la función

que empiece la funcion

 

No sabía que la rutina pudiera volverse algo tan ajeno y extraño. Que ya no me sentiría yo misma en mis propios zapatos. Pero cada día que pasaba sentía un vacío más grande que no podía definir ni resolver. Los días en el colegio habían vuelto a una normalidad que me dejaba afuera de todas las situaciones. Siempre había sido así, observando desde una distancia prudencial, pero ahora eso no me bastaba.

No sé qué hacer. Quiero que todo se sienta normal de nuevo.  Pero lo que antes era normal, ahora parece no encajar. Es como si la persona que fui, no pudiera reflejarse en la persona que ahora soy. Incluso mis amigas me notan rara. A veces estoy callada y en mi mundo imaginario, y otras veces no paro de hablar y sonreirle a todo el mundo. No hay término medio.

Con Arthur y Matt no hablo desde hace una semana. Arthur parece una estrella fugaz que perdió su luz. Está ausente y silencioso. En los últimos días estuvo más distante que de costumbre, no sólo conmigo sino con todos. Hay un silencio que envuelve cada uno de sus pasos, y parecíera estar siempre con la mente en otro lugar. No me gusta verlo así, y no sé si nuestra última conversación tiene algo que ver con ese cambio. Pero después recuerdo que fue él quien eligió irse con las del sí fácil, y una mezcla de tristeza y rabia me invaden tan profundamente, que siento el corazón retorcerse en mi pecho. No ayuda que mi mejor amiga salga con su mejor amigo. Porque por mucho que intentemos evitarnos (ok, que yo intente evitarlo) terminamos compartiendo cada vez más tiempo juntos. Juntos y a mil kilómetros de distancia. Jamás creí que podría encontrarle sentido a esa paradoja.

Y Matt es una incógnita que va en aumento. Se aleja y se acerca sin lógica aparente. Hace días que no hablamos; sin embargo, por momentos puedo sentir su mirada en mí, a lo lejos, distante, pero a la vez tan cerca que casi puedo tocarla. Extraño sus abrazos sorpresivos, y la forma en que me hacía sentir que todo estaría bien. ¿Esos momentos serán cosa del pasado? Ahora no se separa de Solange ni un segundo. O ella no se separa de él. Pareciera que su relación va de maravillas. Aunque intuyo que Matt no está tan feliz con esa situación, no sé cómo lo sé, pero lo sé. Quizás lo que él en realidad quisiera…

-¡¡SOL!!

-¡¿Qué?!

-Estás otra vez en las nubes. Te estoy hablando hace siglos y no me escuchás.

-Perdón Vicky, estaba pensando en..

-En Arhtur, ya lo sé. Pero S., si todavía sentís algo por él, ¿No pueden hablar y arreglar las cosas?

¿Cómo decirle que no era Arthur en quién estaba pensando? Por lo menos no en ese momento.

-Es que no hay nada que arreglar. No éramos nada, y no somos nada. Además, él no parece tener muchas ganas de hablar conmigo. A penas me dice “hola”.

-Y si vos un poco más y salís  corriendo cuando él se acerca. A parte, la última vez que hablaron practicamente te despediste de él y se lo entregaste como regalo a las del sí fácil. Ahora él no sabe qué hacer con su vida. Está triste, silencioso. Es obvio que te extraña. Con Marcos lo venimos hablando, está clarísimo que los dos tienen cosas para decirse todavía. No entiendo por qué no podés ir y ver si pueden volver a estar juntos.

-¿Vos de qué lado estás? ¿Ahora es mi culpa que ellos dos se hayan besado y que Arthur le haya contado a todo el mundo que yo nunca besé a nadie? Si él quiere estar con Jazmín que lo haga. A mí no me importa.

-Pero ese es el problema. Sí te importa. Vos tampoco sos la misma desde esa conversación. Estás ausente todo el tiempo, incluso cuando querés aparentar que sos parte de las charlas del grupo.

-¿Tanto se me nota?

-No sé si se te nota tanto. Pero soy tu amiga y te conozco desde los 3 años. Algo te pasa S., y si querés estar con Arthur tenés que ir y decírselo, sino te vas a seguir preguntando si no estás perdiéndote la oportunidad de tener tu cuento de hadas.

Dejamos de hablar cuando llegamos a la puerta del aula. Ahí empezaba mi actuación diaria de “está todo bien”. Sin embargo, las palabras de Vicky se habían instalado en mi cabeza y no me dejaban pensar en nada más.

En el primer recreo, Vicky recibió un mensaje y desapareció corriendo. Pero todo lo que me había dicho unas horas atrás aún seguía conmigo. Así que preferí irme a mi lugar secreto.

Cuando llegué al techo, podía a ver a mis compañeros paseando por el patio del colegio, hablando sentados bajo los árboles, riéndose. Había visto esa imagen un millón de veces, y nunca me había dado tanta melancolía como ahora. Necesitaba hacer algo para cambiar las cosas, para encontrar una nueva forma de estar bien. Ya había dejado que las cosas se arreglen por sí solas durante varios días, y estaba claro que eso no había funcionado. Pero, ¿Qué quería? ¿Qué me haría sentir bien de nuevo?

Sonó el timbre, y tuve que dejar esas preguntas para después.

Cuando estaba casi llegando a mi aula, me crucé con Solange y sus amigas, (sí, Jazmín incluída). Las del sí fácil empezaron a caminar más despacio, sin dejar de hablar. Y yo podía ver cómo sus palabras se convertían en dardos venenosos que iban directo hacia mí.

-Matt y yo vamos a cumplir 6 meses este mes y estoy pensando en organizar una fiesta para festejarlo. También sería el escenario perfecto para que vos y Arthur anunciaran su noviazgo, ¿No Jaz?

Por más que intenté que sus palabras no me afectaran, las piernas me temblaban y el corazón me latía tan fuerte que sentía que todo el colegio podría oírlo. Aún así, pasé por su lado sin dejar que ni un sólo músculo mostrara que habían dado en el blanco, que el veneno ya corría por mi cuerpo.

Llegué a mi asiento con los ojos llorosos. Vicky fue la primera en notarlo, y me agarró la mano con fuerza mientras ambas mirábamos hacia el frente. Ella sabía que necesitaba un abrazo pero que en ese momento no podría soportarlo, que si me lo daba me rompería en mil pedazos ahí mismo.

-Las cosas se van a arreglar. Más rápido de lo que pensás. Vas a volver a estar bien.

Lo dijo mirándo aún el punto invisible frente a nosotras que ninguna de las dos se atrevía a abandonar. De esa forma era más fácil comunicarnos, recordar que estábamos en el colegio, rodeadas de gente, y en donde no era buena idea romperse a llorar.

Romperse a llorar. Eso era justamente lo que quería hacer.

romper

Las siguientes horas pasaron lentas, como una vieja película que no podía entender. No estaba prensente en la clase, pero tampoco pensaba en nada concreto. Era como si mi mente se hubiera apagado.

Cuando llegó el segundo recreo lo único que quería hacer era volver a subir a mi escondite y no cruzarme con nadie. Pero Vicky parecía tener otros planes.

-Tenés que acompañarme a un lugar.

-Vicky, no te enojes pero quiero estar sola.

-Lo sé, pero de verdad necesito que me acompañes a un lugar. Por favor. Son sólo 5 minutos. Te prometo que te vas a sentir bien después de eso.

-¿Después de eso? ¿Después de qué?

-Es una sorpresa. – Su sonrisa era enorme, y tenía esa chispa en los ojos que aparecía cada vez que estaba planeando algo – Y sé que no debería decirte que es una sorpresa porque odias las sorpresas. Pero creeme, esta te va a encartar.

Como si pensaran que Vicky no iba a ser suficiente para convencerme de unirme al mundo de nuevo, mis amigas aparecieron formando un semicírculo a mi alrededor para asegurarse de que aceptara la invitación. Todas parecían ansiosas y entusiasmadas, y no sabía si eso me tranquilizaba o me asustaba.

-Está bien. Voy a ir. Pero sólo 5 minutos.

-¡Genial! Y no te preocupes, que si nos cruzamos con las del sí fácil, se les van a ir las ganas de seguir molestándote. – Lola levantó la maño en un puño y puso cara de loca. Sabía que jamás le pegaría a nadie, pero sólo saber que estaba ahí para defenderme me hacía feliz.

Cruzamos el patio y fuimos hasta el auditorio, en donde Vicky y yo tomábamos clases de teatro a la tarde. Estaba vacío, o eso creí hasta que llegamos a las primeras filas y ví que estaba Marcos con sus amigos. Miré a Vicky tratando de entender qué estaba pasando, pero ella ya estaba muy ocupada tratando de explorar la garganta de Marcos con su lengua.

*Nota mental: jamás explorar la garganta de mi futuro novio delante de nuestros amigos. Es desagradable*

-¿Alguien me explica qué estamos haciendo acá?

-Hola S., en realidad nosotros somos solamente el público. La protagonista sos vos.

Marcos me abrazó y luego me hizo subir al escenario. Vicky subió con nosotros.

-S., ¿Cuál es tu película de amor preferida?

-Vicky, ¿Qué está pasando?

Todos nuestros amigos se habían sentado en las primeras filas, como un verdadero público esperando que empiece la función.

-Respondeme. ¿Cuál es tu película de amor preferida, la que viste un millón de veces y que te sabés cada uno de sus diálogos?

-Diario de una pasión. – Dije perdiendo la paciencia, y roja de la vergüenza.

-Exacto. Y en esa película Allie y Noha tienen un montón de desacuerdos, peleas y malos entendidos. Pero su amor puede contra todo eso. Porque en las verdaderas historias de amor, a veces cuesta llegar a la parte feliz.

Empezó a sonar una música suave, y noté que mi nivel de paciencia había llegado a cero.

-Creo que debería irme…

-No, no. Te vas a quedar acá y enfrentarte a tu historia de amor. Tomá, necesito que leas este guión y lo sigas al pie de la letra, ¿Ok?

Me puso en las manos un libreto, y bajó con Marcos a sentarse junto con los demás. No tuve tiempo para seguir preguntándome qué estaban tramando, porque en ese momento Arthur apareció en el escenario. Él también tenía un guión en sus manos. Otra vez el corazón me iba a mil por hora, y sentía la mirada de todos nuestros amigos puestas en nosotros. Quería que la tierra se abriera y me tragara en ese mismo instante. Arthur dio unos pasos hacia mí y comenzó a leer el guión.

-Vos no me conocés, pero yo me conozco a mí mismo. Y cuando veo algo que me gusta…algo que me encanta… es decir, algo que me vuelve loco… tengo que…

-¿De qué estás hablando?

Sí, sabía lo que tenía que decir sin necesidad de leer el guión.

-Estoy hablando de vos.

-Oh, si claro, sos muy bueno jugando a esto.

Sí, el sentimiento de incredulidad frente a sus palabras era real. Su nerviosismo frente a las mías también.

-No, no, me estás malinterpretando.

-No, sos muy bueno haciendo esto. De verdad, sos increíble. Te sale muy bien este jueguito. Estoy impresionada.

Sí, me tomé algunas libertades respecto al guión.

-No soy usualmente así. Perdón.

Sabía que el perdón que Noha le decía a Allie era simplemente por acercarse de imprevisto en la calle a hablar con ella e intentar conseguir una cita. Pero el perdón de Arthur era más profundo. Era un perdón dirigido a mí. Nos quedamos en silencio por unos segundos.

-Puedo ser divertido, si vos querés… pensativo, inteligente, supersticioso, valiente, bailarín. Puedo ser lo que vos quieras que sea. Sólo decime qué querés que sea y yo voy a serlo por vos.

-Sos un tonto.

-Lo soy. Pero, ¿Me darías otra oportunidad?

-No.

-¿No?

-Eso es lo que dice en el guión. Noha le pide a Allie una cita, no otra oportunidad como dijiste vos, y ella le dice que no.

Por primera vez desde que estábamos en el escenario, los dos sonreímos.

-Ok, Voy a seguir el guión. ¿Tendrías una cita conmigo?

-No.

-¿Qué puedo hacer para que cambies de opinión?

-Supongo que ya se te ocurrirá algo… Pero recrear una escena de mi película de amor preferida es un buen comienzo.

Todos nuestros amigos se pusieron de pie y aplaudieron. Yo aún me moría de vergüenza, pero sabía que el gesto de Arthur había sido algo hermoso.

Cuando bajamos del escenario todos se acercaron a nosotros. Mis amigas me abrazaban, sus amigos lo felicitaban,  y Arthur parecía feliz de nuevo. Todos parecían felices de nuevo, pero yo sentía que aún faltaba algo, que la normalidad que había estado deseando no se resumía en lo que acababa de pasar. Todavía tenía que resolver mi situación con Arthur, y por mucho que quisiera tener en claro qué sentía por él, seguía teniendo dudas.

-¡Felicitaciones amiga! Ahora sí vamos a poder salir los 4 en una cita doble. ¡Estoy re feliz por vos!

Sabía que las intenciones de Vicky eran buenas, pero yo no estaba lista para esa situación.

Mientras los demás seguían hablando y celebrando mi supuesta reconciliación con Arthur, me empecé a sentir mal, como si me faltara el aire. Necesitaba salir de ahí. Era demasiado. Salí corriendo antes de que alguien pudiera detenerme.

Me dirigí a mi escondite sin mirar atrás. Necesitaba tranquilizarme y pensar en qué era lo correcto hacer a continuación. No quería decepcionar a nadie, no quería que pensaran que no me importaba lo que acababa de hacer Arthur, no quería dividir al grupo o generar situaciones incómodas, no quiería romper las ilusiones de Vicky. Pero no sabía lo que quería.

Llegué casi sin aliento, y cuando me iba a sentar en mi lugar preferido, me dí cuenta de que estaba ocupado.

-¿Matt? ¿Qué hacés acá?

-Hola princesa. Perdón que invadí tu lugar; necesitaba un lugar tranquilo para pensar.

Mientras yo trataba de recuperar una respiración normal, me di cuenta que él estaba triste.

-¿Estás bien?

-Sí, es sólo que…

Dejó la frase sin terminar. Tenía la mirada perdida.

-Está bien. Podés venir acá cuando quieras.

Me senté a su lado y respiré profundo. Al fin paz.

-¿Estás bien? Parece que acabás de correr una maratón.

-Sí, es que estaba escapando de un lugar, o algo así.

-¿Escapando de un lugar? ¿Qué querés decir?

-Es que Arthur hizo esta gran escena de la película de amor que más me gusta para arreglar las cosas conmigo. Y ojo, me encantó lo que hizo. Pero ahora todos creen que estamos juntos o algo así. Y yo siento que eso no resuelve lo que pasó, o al menos no del todo. Como que tendríamos que hablar primero. Pero lo hizo frente a todos nuestros amigos, y ahora ellos estan como “¡wow! ¡felicidades! ¡qué bueno que se arreglaron!” y yo no sé si estamos juntos y arreglados, o si quiero estar juntos y arreglados ¿entendés?

Dije todo rápido y sin tomar aire. Como si necesitara largar todo lo que estaba pensando sin filtrar nada. Matt me miraba fijo, sin decir nada.

-Perdón. No quería largarte todos mis problemas así. Se ve que vos también tenés los tuyos. Olvidate de lo que te dije. ¿Vos cómo estás?

-¿Te arreglaste con Arthur?

-¿Eh?

-¿Estás con él?

-Olvidate de lo que te dije, no quiero ser una egocéntrica que sólo habla de sus problemas. Contame vos cómo estás.

-Sol, ¿Estás enamorada de Arthur?

Mientras Matt me miraba a los ojos sentí de nuevo esa sensación de que intentaba ir mucho más allá, que casi podía leer mis pensamientos. ¿Pero de qué le sirviría llegar a ellos si ni siquiera yo podía entenderlos?

Su celular empezó a sonar y ví que era Solange. Él rechazó la llamada y se lo guardó en el bolsillo.

-¿No la vas a atender?

-No.

-Mira que si es por mí no te preocupes, me voy y los dejo hablar tranquilos.

-No es por eso.

Había tensión en sus palabras. Pero no me decía nada más. Su teléfono volvió a sonar, y él volvió a rechazar la llamada.

-¿Por qué no la querés atender?

Un pequeño presentimiento se filtró en mi cabeza, y de pronto tuve miedo a su respuesta.

-Porque no somos más novios. Cortamos.

No quería saber el por qué. Pero la pregunta salió de mis labios antes de que pudiera frenarla.

-¿Y por qué cortaron?

Mi corazón era un Ferrari que iba a cientos de kilómetros por hora, y estaba a punto de estrellarse contra una pared.

-Porque estoy enamorado de otra persona.

 


S.