Let It all go

Let It all go

 

 

Debería comenzar por decir, que los días grises ya no me asustan.

Pasé demasiado tiempo escondida en las tinieblas, con miedo a reclamar mi derecho a ser feliz. Quise cargar a otros con la responsabilidad de mi suerte, y fue ahí que la verdadera naturaleza de las personas no tardó en aparecer. Grandes hallazgos y grandes decepciones fueron haciéndose presente, como una película que no podía definirse. Cerré los ojos ante la tristeza, porque creía que así no lograría dominarme. Pero mientras ella se hacía más fuerte, yo me hacía más débil. Pequeños pasos hacia adelante me costaban después grandes tropiezos hacia atrás.

Esperé por un tiempo que las palabras encontraran su camino solas. Creía que de una forma u otra todo llegaría a su lugar. Busqué argumentos para los silencios, razones para la distancia, motivos que devolvieran la luz que la noche se robó. Subestimé el poder que tienen las malas intenciones, las inseguridades ajenas, los fantasmas de los celos. Me envolví en verdad, pero a veces la verdad no es suficiente.

Nunca le tuve miedo a los cambios ni a los finales. Para mí son augurios de comienzos. Tengo una fascinación por los comienzos porque son como una hoja en blanco, un día nuevo, la oportunidad para desempolvar sueños viejos y darles otro color. Pero esa vez estaba en el medio de un laberinto del cual no sabía cómo salir. Las puertas que encontraba estaban cerradas, y los caminos que alguna vez me habían servido de guía ahora bordeaban abismos infinitos.  A veces nos acostumbramos demasiado fácilmente a que las cosas vayan mal, y no vemos que lo normal en no hacernos daño. Pero también a veces perderte es la mejor forma de volverte a encontrar.

Después de contar tantas lágrimas como estrellas hay en el cielo, una pregunta comenzó a hacer eco en mi cabeza. ¿Es esto lo que querés? Al principio me asusté. Era un pensamiento que se contradecía con todo lo que había escuchado desde hacía infinidad de días. ¿No era esto todo lo que había? Estaba acostumbrada a sentir que no era suficiente; el sentimiento  tatuado en mis huesos que definía cada uno de mis pasos. Pero algo, no sé muy bien qué, empezó a hacerse presente en mi interior cada vez con más fuerza. No sabía con quién hablaba, pero hablaba con alguien; quizás con esa persona que podía llegar a ser y no dejaba salir a la luz.

¿Querés esto en tu vida? ¿Querés a estas personas en tu vida? ¿Querés vivir así?

Todas esas preguntas eran como bombas que caían a mi alrededor y arrasaban con todos los argumentos que había construido durante años. Me despojaban de todas las manías que había ido adquiriendo para sentirme inferior. Desterraban a los fantasmas de errores y defectos pasados. Ya no había nadie más que importara. El contador había vuelto a cero. No era una cuestión de amar u odiar a nadie (ni a todos). Ya no se trataba de quién tuvo la culpa. Se trataba de no ceder en lo que para mí era importante. Por primera vez me ponía en el centro del problema; todas las respuestas estaban en mí.

Lloré por última vez, necesitaba despedir todas las posibilidades de volver atrás. No quería volver atrás. Y cuando pasaron los espasmos, cuando la calma por fin llegó, pude contabilizar los escombros, analizar el daño, planear una estrategia que me pusiera de pie de nuevo. Estaba vacía pero renovada, y sobre todo, ya no me definían las palabras de otros. Ya no tenía el susurro de mentiras ni de engaños en mi oído. La sombra de los problemas que no eran míos dejaron de acecharme. Mis propios problemas se hicieron presentes. Ahora podía dedicarles toda mi atención a ellos; hacerles frente y resolverlos.

No era que de un día para el otro me volví fuerte y autosuficiente. Sólo había dejado de ser mi mayor enemiga. Ya no iba a tolerar una vida que no fuera la que quería vivir. Y lo más difícil de elegir la vida que querés para vos, es saber que hay cosas a las que tenés que renunciar. Malos hábitos, personas tóxicas, errores del pasado, promesas sin cumplir. Tenía que sacar todo el peso negativo que me había encadenado a un dolor innecesario. Perdoné y me perdoné, y solté todo lo que no encajaba en esa nueva realidad. Muchas veces antes, había necesitado mi espacio, había necesitado alejarme de ciertas personas o situaciones que no me hacían bien. Había entendido mis tiempos y ahora necesitaba entender los tiempos de los demás. Dejé de dividir a las personas en buenas y malas; simplemente eran diferentes.

Cada uno tiene una mochila a su espalda con experiencias, sueños y deseos. Entender eso fue el punto de partida. Yo no era ni mejor ni peor que nadie, entonces podía aceptar que nadie tenía el derecho ni la obligación de cambiar o intentar cambiarme. Podía tomar un nuevo camino y no por eso sentirme culpable por lo que dejaba atrás. Podía elegir y no conformarme con lo que la vida me ponía adelante. Ya no tenía que romperme en mil pedazos para volver a empezar. El proceso no tenía que ser doloroso nunca más. Respiré esperanza otra vez, después de mucho tiempo.

La vida está llena de etapas que comienzan y terminan, y quedarnos demasiado tiempo en una que ya ha culminado no nos deja crecer. Así que a soltar y avanzar, que el mundo puede ser un lugar maravilloso si nos damos el permiso para disfrutarlo.

 

But if we’re strong enough to let it in. We’re strong enough to let it go.

 

S.