Capítulo 8 – La tormenta

 

Por primera vez en mucho tiempo abrí los ojos y sentí que todo era como debía ser. No sabía cómo se iban a desarrollar las cosas con Arthur, pero haber aclarado mis miedos con él me hacía sentir bien. Al final, nuestra cita doble resultó ser de lo más divertida. Vicky y Marcos se pusieron de novios, por supuesto. Y cuando ya todos nos habíamos sincerado, el drama de los días anteriores había quedado atrás.

Llegué al colegio con una energía increíble. Por lo general, a la mañana soy una persona bastante callada y a veces rozo lo malhumorada. Pero ese día no. Sonreí como idiota todo el camino al aula. No había terminado de acomodar mis cosas en mi escritorio, cuando el torbellino Vicky llegó para alborotarlo todo. Si yo estaba de buen humor, ella era la persona más feliz del universo. Se acercaron nuestras amigas y Vicky pasó a contarles con lujo de detalles todo lo que había pasado el día anterior. Yo ya sabía la historia, hasta la había presenciado, pero como siempre estoy dispuesta a escuchar una historia de amor me quedé ahí. Así que dejé todo a la mitad y por los siguientes 15 minutos no hice otra cosa que escucharla.

Las horas de clase hasta el primer recreo se me hicieron eternas. A cada rato miraba por la ventana a ver si aparecía Arthur, pero no había ni rastro de los chicos del otro curso. Vicky se había sentado al lado mío para poder tener un mejor acceso a la ventana, así que ella estaba igual de decepcionada que yo al no ver ningún movimiento afuera. Cuando sonó el timbre del recreo salimos disparadas al patio. Aunque me negara a admitirlo, mis sentimientos por Arthur habían crecido enormemente en tan sólo un par de horas.

No encontramos a los chicos por ningún lado. Lo que era extraño porque tenían clases por la mañana y debían estar dentro del colegio. Cuando ya habíamos perdido la esperanza de encontrarlos, nos cruzamos con un chico de su curso, y por más que nunca habíamos hablado con él nos acercamos a preguntarle por ellos. Como yo soy la más tímida de los dos, fue Vicky la que le habló.

-Hola, soy Vicky la novia de Marcos – Su sonrisa de enamorada se hizo más grande – ¿Sabés dónde está mi novio?

-Hola VickynoviadeMarcos, sí sé. Hoy no vino un profesor así que nos dieron la hora libre. Marcos y otros chicos se fueron a desayunar a la casa de Jazmín.

-¿A la casa de JAZMÍN? ¿Arthur también? – Mi voz había sido más alta y aguda que lo normal. No le había dicho ni hola, pero ante esa situación los modales podían obviarse.

-Hola amiga de VickynoviadeMarcos, sí, Arthur fue con ellos. Y ahora si no les molesta, tengo cosas que hacer. Chau.

La cara de disgusto era indisimulable. Vicky sabía que podía confiar en Marcos, pero para nada confiaba en el grupito del sí fácil. Y yo… yo veía formarse en mi cabeza un montón de monstruos que a gritos me recitaban todos mis miedos e inseguridades. El berrinche de Vicky me hizo volver a la realidad.

-Marcos te quiere, es tu novio. No te preocupes que no va a pasar nada. Seguro fue a hacerle pata a los chicos. No te enojes.

-No estoy enojada. No me molesta. No estoy enojada. No me molesta.

Vicky se iba poniendo cada vez más roja mientras repetía ese mantra para lograr calmarse. Claramente no lo estaba consiguiendo.

-¡¿SABÉS LO QUE ME MOLESTA?! –Gritó de repente, y como se dio cuenta que había gente mirándonos bajó la voz-  Que cuando éramos amigos, una vez me dijo que una de ese grupito le parecía linda, pero nunca me dijo quién. ¿Y si ahora están ahí y esa chica está y él se arrepiente de estar de novio conmigo, y si quiere que cortemos y si…?

-¡Vicky CALMATE!

Necesitaba calmarla. Porque si ella tenía miedo siendo la novia oficial, yo que no le había dado ni un beso a Arthur, estaba aterrada. Sabía que Solange iba a hacer todo lo posible por unirlo con Jazmín, ya me había dado pruebas de eso. Pero no lograba nada con hacerme toda una película en la cabeza. Arthur había sido muy bueno conmigo, no me podía olvidar de eso.

-Lo mejor va a ser que nos calmemos, que tratemos de pensar en otra cosa, y en el segundo recreo hablamos con ellos para saber qué paso y listo. No podés ser la novia psicótica celosa el primer día.

-Tenés razón. Tengo que confiar en él… Pero en el segundo recreo va a tener que responder VARIAS preguntas.

Tic-Tac, Tic-Tac. El reloj sonaba pero no avanzaba. Mi ansiedad me carcomía por dentro. Por más que le había dicho a Vicky que no pensara en cosas malas, yo no podía evitar hacerlo. Tenía un presentimiento; como una sensación de que algo malo iba a pasar. En situaciones anteriores me había pasado algo similar; era como si el universo me trasmitiera un mensaje encriptado que yo no lograba descifrar. Miraba de reojo por la ventana pero nada sucedía.

Hasta que en un momento ví entrar a los chicos al gimnasio. A esa hora tenían clase de vóley, y la puerta de entrada a la cancha estaba justo frente a nuestra aula. Le pegué un codazo a Vicky para que mirara y se le iluminó la cara al ver venir a Marcos. Él antes de entrar miró hacia nosotras y al verla a Vicky le mandó un beso volador, bastante cursi. Vicky dio unos saltitos sentada y todo su mal humor desapareció. Arthur apareció unos segundos después. Miró rápidamente hacia la ventada y siguió caminando como si no nos hubiera visto. Todas mis preocupaciones se hicieron más fuertes.

Sentía un vacío en el estómago. No podía concentrarme en la clase. Miraba por la ventana esperando una señal, algo que lo explicara todo. Intentaba calmarme pensando que quizás nada malo había pasado, pero no me lo creía. Y en medio de eso escuché unos gritos afuera.

-Matt, que sea la última vez que le pegás así a un compañero. Si no me vas a ver obligado a mandarte a dirección para que llamen a tus padres.

Matt estaba hecho una furia, mientras el profesor de vóley le hablaba.

-Ahora te vas a ir a las duchas a darte un baño de agua fría, a ver si te calmás un poco.

El profesor volvió a entrar al gimnasio. Matt  se quedó solo y pateó su bolso enojado. Cuando se agachó a recogerlo vio que yo lo estaba mirando y su rostro cambió al instante. Ya no había furia en su mirada, pero no podía entender qué sentimiento se escondía detrás de esos ojos verdes.

Sonó el timbre del recreo, al fin iba a saber qué estaba pasando. Pero cuando salí Matt ya no estaba por ningún lado, y Arthur tampoco. Vicky fue corriendo a los brazos de Marcos que la estaba esperando a unos pocos metros de nuestra aula.

-Hola Marcos, ¿Lo viste a Arthur?

-Hola S. Emmm… Sí, creo que se tenía que ir a algún lado.

-Pero acaba de salir de la clase de vóley, ¿Tan rápido se fue?

-No se fue, debe estar dando vueltas por ahí.

-¿Pero no acabas de decir que  tenía algo que hacer? ¿Pasa algo Marcos?

Marcos no me miraba más a los ojos y se había puesto nervioso. Vicky decidió intervenir.

-Amor, ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así de nervioso?

– No puedo, es mi amigo…

Marcos no levantaba la vista del suelo.

-No te preocupes Marcos, no te quiero poner en una situación incómoda. Sólo decile a Arthur que lo estuve buscando y que cuando pueda venga a hablar conmigo.

Y antes de que la parejita pudiera ver cómo se me llenaban los ojos de lágrimas, me di media vuelta y volví al aula.

Tormenta - HCS

La confirmación de mis miedos llegó al final del día. Cuando estaba guardando mis libros para irme, el grupo del sí fácil pasó muy lentamente por la ventana mientras hablaban en voz bien alta.

-Jaz, tenemos que repetir más seguidos los desayunos en tu casa. Lo de hoy estuvo buenísimo. Aunque la próxima vez podemos ser sólo Matt y yo y vos y Arthur. Como una cita doble. ¿No sería genial? Podemos hacer una competencia de qué pareja da más besos, aunque con lo que vi hoy, creo que vos y Arthur nos ganan por goleada. ¿Sabías que hay gente que todavía no dio ni un solo  beso en su vida? Que patético ¿no?.

Solange hizo jaque mate. Sin que pudiera  evitarlo las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. Sentía como si un millón de golpes me hubieran alcanzado. No quería salir porque no quería que nadie me viera en ese estado, pero al mismo tiempo necesitaba estar en mi casa, en mi refugio. Pero era imposible llegar hasta ahí sin cruzarme con medio colegio. Se me ocurrió que el único lugar seguro en ese momento era mi escondite en el techo. Así que agarré todas mis cosas y salí corriendo en esa dirección.

Al llegar ahí, me senté en el suelo y toda la angustia que había acumulado durante el día se derramó como una lluvia de tristeza. No sólo Arthur y Jazmín se habían besado, sino que él le había contado mi secreto a todos, y ahora era el motivo de bromas de todo el mundo. Me moría de la vergüenza, de la rabia, de la decepción. La alegría con la que había empezado el día me parecía que había sucedido en otra vida. Ahora todo era oscuro y doloroso. Hasta el cielo se había puesto gris.

Así estuve por varios minutos, con los ojos cerrados mientras lloraba en silencio e intentaba en vano recuperarme. Y cada vez que lograba calmarme, un recuerdo de lo que había pasado aparecía en mi cabeza y todo volvía a empezar.

-Si seguís llorando así vas a inundar todo el colegio.

Abrí los ojos y vi cómo Matt se sentaba a mi lado. Me abrazó y me hizo apoyar la cabeza en su pecho.

-Así que ya te enteraste.

-¿Vos también sabías? ¿Cómo te enteraste? – Balbuceé entre sollozos.

-Estaba en la casa de Jazmín cuando pasó. Traté de contener mi bronca pero en la clase de vóley lo escucé hablando con los chicos y no me pude contener. Quiero que sepas que me parece un idiota por lo que hizo, y que ya le di su merecido por comportase así con vos.

-¿Qué hiciste? – Me incorporé y lo miré a los ojos. Estaba hecha un desastre por todo lo que había llorado, pero en ese momento mi apariencia era mi último problema.

-Nos agarramos en el gimnasio. Nada grave, porque justo nos vio el profesor y me hizo salir de la clase. Pero te prometo que no te va a volver a molestar más.

-Gracias – Le susurré.

En ese momento entendí los gritos en la puerta de la cancha que había escuchado más temprano. A pesar de todavía estar dolida por lo de Arthur, no podía dejar de sentirme agradecida por lo que había hecho Matt. Nadie nunca me había defendido de esa manera. Volví a apoyarme en su hombro y el me abrazó más fuerte.

Nos quedamos abrazados por un rato más. Yo todavía no había dejado de llorar, y él esperaba paciente a que me pusiera mejor. Cada tanto me secaba una lágrima y me daba un beso en la frente. La tristeza era menos pesada al estar en ese momento con él. Todo iba mejorando hasta que el celular de Matt empezó a sonar, y cuando lo sacó del bolsillo para ver quién era, la foto de él y Solange besándose apareció en la pantalla. Era ella quien llamaba. Automáticamente me alejé de él.

-Sol, esperá…

Agarré mis cosas antes de que él pudiera levantarse y salí corriendo de ahí. Todo lo que había avanzado en la última hora, lo volví a retroceder. El nudo en la garganta, el llanto, la tristeza, todo había vuelto. El cielo se oscureció aún más y las primeras gotas empezaron a caer. La tormenta había llegado.

S.

 

 

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