Capítulo 7 – El beso

 

Ni siquiera recuerdo cómo llegué a casa. Conozco el camino de memoria, pero mientras caminaba con los auriculares puestos, era como si estuviera sumergida en medio de un laberinto del cuál no estaba segura cómo salir.

Una vez que crucé la puerta de mi casa, nada de eso tuvo espacio. Vicky había llegado para prepararnos para nuestra cita doble, y tenía un millón de cosas que hablar antes de que saliéramos de ahí.

-Amiga, no puedo creer que vayamos a salir con los dos chicos más increíbles del colegio. Es como en las películas, esta es nuestra historia de amor, ellos son los chicos por las que todas mueren pero nos eligieron a nosotras ¿Te das cuenta? Y lo mejor es que podemos compartir todos estos momentos juntas. Nada me hace más feliz que las dos nos pongamos de novias al mismo tiempo. ¿S me estás escuchando?

Claramente la historia que me estaba dibujando Vicky no se parecía en nada a lo que yo estaba pensando. Ella estaba tan segura de lo que sentía por Marcos y yo… yo lo único que tenía claro era que no tenía nada claro.

-Emmm… Si si… Lo que dijiste. Obvio.

-Amiga, no me estás escuchando. Yo sé que estás nerviosa pero tranquila, yo voy a estar ahí, a tu lado para ser la primera persona que te felicite cuando te pongas de novia con Arthur.  Él es perfecto para vos, es lindo, es inteligente, está en el equipo de rugby, está en esa onda de los libros igual que vos y además y lo mejor de todo, es el mejor amigo de mi futuro novio. Ellos son inseparables, casi como hermanos. Como vos y yo. Lo que nos llevaría a ser prácticamente cuñadas, hermanas, familia. ¿No es genial?

Ante cada palabra de Vicky yo empalidecía más, y sentía como si el aire de la habitación no llegara a mis pulmones.

-¿Vos de verdad creés que Arthur es el indicado para mí? Digo, todo eso que nombraste, él es como muchas cosas y yo, yo soy más de las que pasa desapercibida. No sé si seríamos una buena combinación.

-¡Claro que serían una buena combinación! Él está muerto por vos, y lo único que hizo estos últimos días fue hablar de lo perfecta que sos, de lo mucho que le gustas y de lo emocionado que está por esta cita. Igual que vos S. Porque, ¿Vos también estás súper emocionada por la cita no?

Mi celular comenzó a sonar y fue como si el destino me estuviera mandando una señal. Vicky me miró exigiendo una respuesta y yo sólo atiné a agarrar el celular y mantenerlo en mi mano como si eso fuera a ayudar en algo. No podía decirle a Vicky que no estaba segura de nada. No podía romperle la ilusión así. Quizás si le daba una oportunidad a mi cita con Arthur podría darme cuenta si me gustaba como amigo o como algo más.

-Es mi celular. Tengo que atender. Ahora vengo.

Ni siquiera me fijé en quién era la persona que me estaba llamando. Simplemente atendí y mi corazón dio un salto cuando escuché su voz.

-Hola…

-Hola, Sol. Soy Matt.

Hablar con él era lo último que necesitaba en este momento. Estaba a punto de salir con Arthur y darle una oportunidad. No podía dejar que lo que estaba sintiendo por Matt arruinara eso.

-Matt, ahora no puedo hablar. Estoy ocupada.

Traté de ser lo más dura posible. Necesitaba poner distancia.

-Sol, por favor, es sólo un minuto. Necesito hablar con vos. Necesito que hablemos de lo que pasó hoy.

Su súplica era como criptonita. Todas mis defensas caían al escuchar su voz.

-No hay nada que hablar respecto a lo de hoy. No sé a qué te referís y la verdad es que en este momento… Creo que no es el momento. Creo que debería cortar.

No podía coordinar ni una frase coherente. Me temblaba la voz.

Princesa, por favor.

Ahí estaba, su arma secreta. La palabra que había convertido en el detonante para todas mis emociones. No sé en qué momento lo supo, pero ahora la estaba usando a su favor.

Una voz me sacó de mi dilema.

-S, vamos a llegar tarde. ¿Con quién estás hablando? Vení a terminar de cambiarte que los chicos nos están esperando.

-Vicky me está esperando. Arthur me está esperando. – Mi voz sonaba casi como un susurro. – Necesito ir a hacer lo que prometí que iba a hacer.

-¿Estás segura de lo que vas a hacer? ¿Eso es realmente lo que querés hacer?

Matt tenía un don para formular todas las preguntas que yo misma tenía ya en mi cabeza. Pero al escucharlas de su boca siempre parecían más reales, más correctas.

-Lo que quiero hacer es acompañar a mi mejor amiga a la cita de sus sueños. No me lo hagas más difícil Matt. No tengo todas las respuestas que estás esperando. E incluso si las tuviera, ¿Para qué querés saberlas? No cambiarían nada.

-¿Por qué estás tan segura que no cambiarían nada?

El corazón me latía a mil. Sentía que estábamos hablando de algo demasiado importante, pero sin nombrarlo. Tenía que pensar cien veces algo antes de decirlo, porque si él no hablaba claro yo tampoco iba a hacerlo. Su voz había cambiado, se había vuelto canchera, agrandada. No me gustaba hacia dónde estaba yendo.

-Porque hoy vi algo que me hizo darme cuenta que no importan cuáles sean mis respuestas, hay una sóla realidad.

-La realidad a veces puede ser cambiada.

Matt insistía y ante cada palabra sentía que estábamos en medio de un juego. Ninguno quería perder, pero ninguno quería mostrar sus cartas tampoco. Y darme cuenta de eso me hizo dar un paso atrás. Ya había escuchado en el colegio los rumores de que Matt era un mujeriego, que le encantaba jugar con las chicas con las que estaba, y que incluso cuando estaba de novio le gustaba tener alguna otra conquista por ahí. ¿Acaso eso estaba haciendo conmigo en ese momento? La simple idea de eso me dio asco.

-¿Te gustan los juegos no? Había escuchado que estás acostumbrado a  ganar.

-No me puedo resistir, hay en juego un premio que me interesa mucho.

-¿Sabés cuál es el problema? A mí solo me interesa jugar cuando yo pongo las reglas, no cuando tengo que ver a los demás jugar sin poder participar. No sé cuál es tu estrategia, pero mejor guardala para otra.

Corté. No quería escuchar nada más. No iba a ser el juego de nadie.

Regresé a mi habitación y encontré a Vicky en medio de una crisis revolviendo toda la ropa. Si quería salir de ahí a tiempo para nuestra cita, tendría que ayudarla a decidir qué ponerse.

Después de pasar una hora vistiéndonos y arreglándonos, por fin llegamos al cine. Marcos y Arthur nos estaban esperando. Parecían mucho más tranquilos que nosotras, que nos mirábamos nerviosas a cada paso que dábamos.

Marcos fue el primero en acercarse y abrazó a Vicky con mucha efusividad. Él también estaba nervioso, no podía disimularlo. Arthur estaba vestido increíble, como sacado de alguna revista de moda. Tenía un jean clarito, una remara blanca y una camisa a cuadros que le combinaba con las zapatillas. Por un momento me sentí alagada, ese chico por el que morían un montón de chicas en el colegio, estaba ahí para verme.

-Hola S. Estás hermosa.

-Hola. Gracias, vos también. – Estaba nerviosísima.

-¿Estoy hermosa? jaja

-No, sabés lo que quise decir. Jaja

Reírnos hizo que pasara el momento incómodo. Marcos y Vicky se adelantaron y fueron caminando abrazados hasta la fila de entrada a la película. Arthur me ofreció su mano y fuimos caminando juntos hasta donde estaban nuestros amigos.

La película fue desastrosa, como toda película de terror. Nunca entendí como a tanta gente puede gustarle que te asuste un tipo con una máscara y un cuchillo lleno de sangre falsa. ¿De verdad nos creemos eso? Obviamente hubo algunos momentos donde fingí tener miedo, y Arthur muy caballerosamente me abrazaba y me tapaba los ojos. Sé que esas cosas siempre me parecieron cursis, pero fue romántico también, Arthur estaba pendiente de mí todo el tiempo. Dudo mucho que le haya prestado atención a la película.

Vicky y Marcos estaban totalmente acaramelados y diciéndose cosas al odio. Eso sí que era cursi. Pero nunca había visto a Vicky tan feliz, y eso me hacía feliz a mí también.

Cuando salimos del cine decidimos ir a comer. Vicky y Marcos seguían abrazados y yo iba de la mano con Arthur. Sabía que en cualquier momento iba a llegar “el momento”. Estaba súper nerviosa. Tenía el corazón a mil por hora y quería salir corriendo y quedarme al mismo tiempo.

-Estuvo buena la película.

-Sí, me gusto – Mentí.

Arthur se detuvo y se puso frente a mí. Por Dios, en cualquier momento iba a besarme. Dicen que el miedo te ayuda a reaccionar de dos maneras, o te quedás y peleas, o corrés con todas tus fuerzas. Bueno, mi miedo no me ayudaba con ninguna de las dos. Estaba totalmente en blanco e inmóvil.

-S, vos sabés que me gustás un montón… Y que…

Arthur se iba acercando a mí cada vez más.

-Pará. – Lo detuve casi en susurro.

-¿Qué pasa?

Me temblaban las piernas. Había una razón importante por la cual estaba tan nerviosa y tan confundida respecto a besar o no a Arthur, una razón que no se la había dicho a nadie y que me daba mucha vergüenza. Pero si quería empezar algo con él, tenía que ser sincera.

-Hay algo que tengo que decirte y no sé como decírtelo porque me da mucha vergüenza…

-S, podés decirme lo que quieras. Podés confiar en mí.

Su mirada era tan tierna que me dio seguridad.

-Lo que quiero decirte es que… No es súper grave es sólo que… ¿Viste cuando…? Es como que.

-Sol, hablá por favor. ¿Es algo malo? ¿Tiene que ver conmigo?

-Bueno, en realidad sí y no. La cosa es que desde chiquita vi un montón de películas de Disney y telenovelas mexicanas. Todos príncipes y princesas y romance y esas cosas. Creo que los medios de comunicación tienen un gran impacto en la mente de las nenas, es como que te lavan el cerebro y después ves todo rosa y con corazoncitos…

-¡SOL!

-Sí, sí, me estoy yendo por las ramas, lo sé. Arthur, lo que quiero decirte es que, nunca besé a un chico.

Mi última frase fue casi un susurro y fui incapaz de seguir mirándolo a la cara.

-¿Nunca? ¿A nadie?

Arthur estaba sorprendidísimo. Me sentía como un extraterrestre.

-No, a nadie. Siempre pensé que mi primer beso iba a ser con mi primer novio, en un lugar especial, un momento especial, que se iba a escuchar una canción romántica que se volvería nuestra canción, y todas esas cosas cursi que digo que odio, pero que en realidad no odio tanto.

Ante cada palabra estaba más avergonzada. Tenía las manos juntas, enredadas entre sí, y los ojos fijos en ellas. Quería que me tragara la tierra en ese mismo instante.

-S, no tenés nada de qué avergonzarte. – Me tomó de la cara y me hizo mirarlo. – Es más, me parece tierno que hayas querido esperar hasta conocer a la persona adecuada. Lo que me preocupa es saber si esa persona soy yo. Porque tengo la sensación de que no crees que lo sea.

Su voz se volvió triste.

-No es eso. No es que no crea que seas el indicado. Es que recién te conozco y vos sos todo lo que siempre quise en un novio, pero al mismo tiempo sos tan distinto a mí que me asusta un poco. Cuando estoy con vos me siento observada, no sólo por vos sino por todos nuestros amigos. Es como que todos quieren que estemos juntos, y no sé si vos querés lo mismo o si yo quiero lo mismo.  Me gusta estar con vos, me gusta que podamos hablar y que me prestes atención. Pero…

-Pero es demasiado pronto. Lo entiendo.

-¿De verdad lo entendés?

-De verdad. Me gusta que hayas sido sincera conmigo. Me gustas. Y podemos empezar por ser amigos y ver qué es lo que nos pasa más adelante.

-¿No estás enojado? Digo, esta salida era como que tenía un final anunciado para todos.

-No importa lo que los demás querían que fuera. Importan lo que vos y yo queremos. Yo la pasé genial hoy. ¿Vos?

-Yo también.

Me sentía aliviada. Haberle contado mi verdad a Arthur parecía menos complicado de lo que había sido en mi cabeza. Me gustaba que haya sido tan lindo conmigo al entender lo que me pasaba.

Arthur se acercó al local de chocolate que estaba al lado nuestro y entró. No sabía lo que se proponía hasta que volvió a salir. Parecía divertido.

-Esto es para vos. Ahora que se que no odias todas las cosas cursis. Espero que te guste.

Tenía una sonrisa de oreja a oreja y en la mano sostenía un chupetín de chocolate en forma de corazón. Era cursi, pero me encantaba.

-Es perfecto.

Yo también tenía una sonrisa de oreja a oreja. Todos los miedos que tenía sobre esa salida o mi futuro con Arthur habían desaparecido. Todavía no sabía qué terminaríamos siendo, pero sentía que este comienzo podía ser tranquilamente el principio de una historia de amor digna de Disney.

-Un beso…

-¿Qué? Creí que habíamos aclarado lo del beso ya. Es muy pronto…

-No, no. No nosotros dos. Un beso. Vicky y Marcos se están dando un beso.

Giré rápidamente y vi a Vicky en puntitas de pie y a Marcos bastante agachado, besándose. Era la imagen de la pareja perfecta. Sabía que era lo que Vicky quería y como su mejor amiga, no podía estar más feliz porque las cosas le hayan salido tan bien.

Arthur y yo nos miramos y nos agarramos de la mano de nuevo.

-¿Vamos a interrumpirlos y terminar con tanta cursilería? – Me miró divertido.

-Sí, por favor.

Nos reímos ruidosamente ante esos comentarios. La gente que pasaba a nuestro alrededor se nos quedaba mirando, pero no nos importaba. Se sentía bien reírse y liberar toda la tensión que había habido durante los últimos días. Se sentía bien estar con Arthur.

S.

 

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