Capítulo 3 – Príncipes y villanas

 

Salir de mi zona de confort. Hacer algo nuevo. Arriesgarme

No dejaba de repetirme eso en mi cabeza, como para terminarde decidir si era lo correcto ir a mi ¿cita?. Arthur me había mandado un mensaje para avisarme que me esperaba a las 5 en la heladería de la plaza. Sí, me había mandado un mensaje porque Vicky le había dado mi número

Nota mental: Matar a Vicky por eso. O agradecerle. Todo depende de cómo terminen las cosas hoy.

Tenía la mitad de mi guardarropas en la cama. Me había probado mil conjuntos distintos, y aún no encontraba nada que me gustara. ¿Desde cuándo me importaba lo que un chico pudiera pensar de mi ropa? Vamos S, vos no sos así.
El sonido del chat me trajo a la realidad. Era un mensaje de Vicky.

Vicky, 4:35 pm: Espero tener todos los detalles de la salida cuando vuelvas. ¡Éxitos amiga!

Pero su mensaje no fue lo que me hizo poner más nerviosa, sino ver la hora. 4:35 y yo todavía sin saber qué ponerme. Entré en pánico. Empecé a revolver todo la ropa que tenía en la cama y nada, absolutamente nada me convencía. Me tiré en el piso derrotada por no saber que hacer. Me sentía vencida por una estúpida salida a la que ni siquiera estaba segura si quería ir.

Después de unos segundos en el suelo logré tranquilizarme, y como si fuera recompensada por una extraña fuerza del universo o simplemente por cambiar de perspectiva desde el suelo, miré mi placard y descubrí exactamente lo que quería ponerme.

Tenía un vestido que me lo había comprado el año pasado y jamás lo había usado. Cuando lo ví por primera vez me había enamorado absolutamente de él. Era blanco, con unas florcitas rosas muy chiquitas bordadas. Sentía que era como un vestido de princesa, pero no demasiado extravagante como para no poder utilizarlo. Me cambié rápidamente, me puse una campera de jean para no tener frío, un poco de gloss en los labios y salí rapidísimo hacia la plaza.

Encontrarnos en una plaza, primer gran error. Estaba lleno de gente conocida, y yo no encontraba a Arthur por ningún lado. Estaba parada frente a la heladería y cada segundo que pasaba me sentía más observada por todos, como si supieran lo incómoda que estaba.Trataba de tranquilizarme y tener pensamientos positivos, cuando de pronto vi llegar al grupito del “sí fácil” y supe que mi espera no podía ponerse peor.

-Hola S. Qué linda que estás – La voz de Solange era finísima, totalmente irritable, y mucho más cuando se le notaba que estaba siendo absolutamente falsa.
– Gracias. Vos también, como siempre. Me encanta que puedas combinar hasta los colores más ridículamente inapropiados sabiendo que su combinación es dañina para la retina pero aún así te los pongas igual. Felicitaciones. – Lo dije rápido y con la voz más chillona que pude.

Solange se quedó aturdida por unos segundos. No terminaba de entender si lo que le había dicho era un cumplido o si me estaba burlando de ella. Esa era siempre mi estrategia con ella, hablar rápido y con palabras que obviamente no entendía porque tenía el coeficiente intelectual de una lombriz (sin ofender a las lombrices), para dejarla despistada y que quisiera alejarse lo más lejos posible de mí.

-Sí. Claro como digas. – Respondió finalmente. – Qué raro que estés acá sola ¿Esperás a alguien?

En su voz podía notar que estaba demasiado interesada en saber con quién me iba a encontrar. Pero yo no estaba dispuesta a darle el gusto de obtener esa información.

-No, estoy haciendo tiempo antes de ir al doctor que queda justo en esta cuadra. Es que hace días que tengo una tos horrible – Tosí muy exageradamente – Y tengo miedo de que sea algo súper contagioso así que vengo a que me receten algún remedio. –Finalicé con una enorme sonrisa.

Todo el grupito dio un paso atrás como si estuvieran observando una bomba a punto de estallar.

-Ay sweety, ¡Qué mala noticia! Ojalá te recuperes pronto. – Sasha y su usual forma de hablar que siempre me parecía ridícula, pero esta vez me irritaba aún más.
-¿Por casualidad no la viste a Jazmín no? – Solange se había recuperado del aturdimiento y volvía a tener la postura de villana de película de Disney de siempre.
-¿Y por qué tendría que haberla visto por acá? – Pregunté ya perdiendo un poco la paciencia. No toleraba estar mucho tiempo cerca de ese grupo.
-Es que ya que estás acá parada como un poste haciendo nada, pensé que quizás la viste pasar con Arthur.

La daga dio justo en el blanco.

-¿Con Arthur? – Intenté sonar normal pero la voz se me cortó al terminar de decir su nombre. Solange lo notó y sonrió triunfal.
-Sí, con Arthur. Jazmín y él iban a venir a tomar un helado. Él la invitó. Es tan obvio que se gustan que estoy segura que hoy se ponen de novios. Y obvio queríamos ser las primeras en felicitar a la parejita.

Las palabras de Solange me llegaban como baldes de agua helada. Me sentía una idiota parada junto a ellas, como si su falta de inteligencia fuera contagiosa. Sentía sus miradas clavadas en mí esperando que respondiera algo, y yo me había quedado sin palabras, sin reacción.

-Qué genial que Jazmín haya encontrado un nuevo amor. Creí que nunca iba a superar a su ex novio de la semana pasada ¿O fue de la semana anterior? Es que como cada semana es uno distinto ya perdí la cuenta jaja. – Me reí e intenté ser graciosa, aunque en realidad lo único que quería era dar media vuelta y volver a mi casa.

La respiración se me empezó a acelerar. Era como si el aire que entraba en mis pulmones no fuera suficiente. Me sentía una idiota. ¿Cómo había sido capaz de pensar que Arthur estaba interesado en mí? Era obvio que todo había sido un error. Un error que sentía que me estaba asfixiando.

-Mirá So, ¿Esos no son Jazmín y Arthur? ¡Ay, se ven tan tiernos juntos! – Yessica, la que faltaba por hablar, le hacía señas a Solange para que mirara a la parejita feliz acercarse por la vereda contraria.Pero Solange estaba demasiado ocupada mirándome fijamente. Disfrutando de ese momento de victoria sobre mí.

-Bueno, yo las dejo porque se me hace tarde. Saluden a la parejita feliz por mí y denles mis felicitaciones. Mua mua, besos para todas – Intenté imitarlas y me alejé lo más rápido que pude.

Mientras caminaba de vuelta a casa sentía cómo los ojos se me llenaban de lágrimas. No entendía porqué me afectaba tanto haberlos visto a Jazmín y a Arthur juntos. En realidad no estaba segura de que Arthur me gustara realmente, pero había sido lindo pensar que yo a él sí le gustaba. Era la primera vez que sentía que un chico se fijaba en mí de esa manera, y ahora era como volver a la realidad de un golpe y ver que todo había sido sólo una ilusión.

Estaba tan perdida en mis pensamientos que no me fijé que el semáforo había cambiado y que los autos empezaban a pasar. De no haber sido por Él hubiera terminado en una situación un poco accidentada. Cuando estaba a punto de cruzar, sentí unas manos que me tomaban de la cintura y me hacían caer hacia atrás. Escuché una bocina sonar y lo próximo que supe fue que estaba en el suelo arriba de un chico que me había salvado la vida.

-¿Estás bien? – Me preguntó preocupado.

Que linda voz que tiene, pensé. Y reaccioné en que todavía seguía encima de él, así que rápidamente me puse de pie y lo ayudé a levantarse.Lo reconocí del colegio. Era uno de los del grupo de Arthur, aunque no estaba segura si eran amigos ya que pocas veces los había visto juntos.

-¿Estás bien? – volvió a decirme.
-Sí, estaba distraída. Gracias.
-Parece que estabas más que distraída para no ver que los autos pasaban. Debía de ser algo importante lo que te tenía así.

De repente me acordé lo que había pasado unos momentos atrás. Recordé a Arthur y el grupo del sí fácil, y fue como si una tonelada de tristeza invadiera mi cuerpo.

-Sí, estoy bien. No era nada importante – Mi voz era casi un susurro y mi mirada estaba fija en el suelo.

Él me tomó del mentón y me hizo subir la mirada hasta sus ojos, unos hermosos ojos color verde. Tenía una intensidad en la mirada difícil de describir, como si pudiera ver mucho más profundo, como si llegara hasta mis pensamientos.

-No hay nada que valga lo suficiente como para que tengas esas ojos tristes. -Me dijo sin dejar de mirarme – Vamos, te acompaño hasta tu casa.
-¿Qué? No. No es necesario. De verdad estoy bien. – Le respondí trantando de sonar autosuficiente.
-Me niego a dejar caminar sóla a una princesa como vos.
-¿Princesa? – Respondí con cara de asombro y divertida – ¿Y qué te hace pensar que soy una princesa?
– Ah, no intentes negarlo. Está bien si no querés que la gente común lo sepa, pero lamento decirte que ya te descubrí. Esa sonrisa, ese vestido, esa actitud, son dignos de una princesa.

Lo decía con total seriedad. Tanta que empecé a temer que fuera una clase de loco o algo así. Nos quedamos mirándonos en silencio por unos segundos, hasta que los dos no aguantamos más y comenzamos a reírnos sin parar. Era una risa pura, de esas que salen de adentro del corazón y son tan imparables que te hacen doler la panza.

Al fin nos detuvimos, y él se enderezó y colocó su brazo para que me tome de él. Lo miré con un poco de desconfianza pero me sonrió, y decidí que encontrarme con él había sido lo único bueno de toda esa salida. Así que coloqué mi mano en su brazo y comenzamos a caminar.

-Ok, príncipe que rescata princesas. Vamos.

El camino hacia casa pasó realmente rápido, aunque hubiera deseado que durara mucho más. Caminábamos lento, como si quisieramos estirar ese viaje lo más posible. Hablábamos de nuestras vidas, del colegio, de música. Creo que no hubo tema de conversación que no hayamos tocado. Cuando por fin llegamos a mi casa parecía que nos conocíamos de toda la vida.

-Bueno, está es mi casa.
-Me alegra saber que llegaste sana y salva, princesa.
-Basta de llamarme así. No soy una princesa – Dije entre risas.

Él también sonreía y cuando lo hacía se le formaban unos hoyuelos que hacían que su sonrisa fuera aún más hermosa.

-¿Entonces cómo tengo que llamarte?
-S.
-¿S? No creo que ese sea un nombre.
-Obvio que no. Mi nombre es Sol, pero todos mis amigos me llaman S.
-Creo que tenés un nombre muy lindo como para reducirlo a una sola letra. Así que yo te voy a llamar Sol.
– Bueno, como vos quieras.

Acababa de conocerlo, pero ya me caía bien. Y que decidiera llamarme distinto a los demás me gustaba. Era como si me hiciera especial.

-Gracias por acompañarme hasta acá.
-De nada Sol. Espero que nos veamos pronto.

Me acerqué a darle un beso en la mejilla y percibí su perfume dulce. Sentí un cosquilleo cuando mis labios tocaron su piel, y más cuando él puso su mano en mi cintura para que el saludo no terminara tan rápido. Le sonreí y me dirigí hacia la entrada de mi casa. Demasiadas cosas habían pasado ese día, y mi cabeza recién empezaba a asimilar la información. Pero de pronto, cuando estaba a punto de entrar, reaccioné en algo y corrí de nuevo hacia la vereda. Él ya estaba a unos metros de mi puerta así que tuve que gritar.

-¡Hey, príncipe!

Se dio vuelta, pero sin acercarse. La luz del atardecer hacía que su pelo castaño brillara aún más.

– ¿Qué pasa princesa?
-Que me rescataste y me acompañaste hasta mi casa, y aún no sé cuál es tu nombre.
-¿Me creerías si te digo que me llamo Romeo? – Dijo divertido.
-Obvio que no.
-Bueno entonces llamame Matt.

Me sonrió por última vez y se fue.
Entré a mi casa y fui directo a mi habitación. Puse un poco de música para relajarme, Only you de Joshua Radin empezó a sonar mientra yo daba vueltas sin parar, pensando y repasando cada situación. Había sido una tarde de lo más extraña. En un momento vi mi reflejo en el espejo y me paré frente a él. Un vestido de princesa, pensé mientras se me dibujaba una sonrisa.
No sabía si estaba feliz o triste por todo lo que había sucedido ese día. Sólo sabía que no veía la hora de que llegue el lunes para tener que ir al colegio y ver cómo seguía esta historia.

S.

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–> Capítulo 4 – Un gesto de amistad