Capítulo 1 – El encuentro

 

Me desperté y parecía ser un día como cualquier otro. Desayuno y luego salir al colegio. Ya me había acostumbrado a la rutina de este nuevo año, había aceptado que todo sería igual que siempre. Al menos eso creía.

El otoño empezaba a tener presencia y había un clima perfecto para estar al aire libre. Tuvimos una hora libre y no había mejor opción que estar bajo los árboles con mis amigas. Algo que siempre me gustó de mi colegio era la posibilidad de tener todo ese patio enorme, donde podía acostarme en el pasto con mis amigos y charlar durante horas.

Ahí estaba, pensando en nada, cuando llegaron los chicos nuevos del turno de la tarde. El ambiente se revolucionó en seguida, aunque estaba demasiado distraída para notarlo. Con mis amigas todavía no habíamos decidido si nos caían bien o no. Eran lindos, sí, pero ellos lo sabían y ese conocimiento hacía que un chico pase de ser un posible caballero a un engreído adicto a las miradas de los demás.

En fin, se pusieron lo bastante cerca para escuchar nuestras conversaciones, pero aún así con la distancia justa para no ser parte de nuestro grupo. Se reían a carcajadas y se pasaban una pelota de rugby unos a otros como si estuvieran en medio de un partido. Nos miraban, los mirábamos, pero ninguno daba el primer paso para unirse.

-Son unos creídos… Igual tendríamos que hacernos amigas de ellos. Estoy harta de estar siempre aburrida y con la misma gente. – Barbi quería sonar indiferente mientras no apartaba su mirada de ellos.

-Yo creo que son lindos. No me importaría estar con alguno de ellos. Digo, para que se sientan bienvenidos en el colegio.

-¡LOLA! – Gritamos todas al mismo tiempo mientras nos reíamos. Lola era la más cara dura de nosotras. Siempre salía con chicos y no le daba ningún pudor que la vieran. Ella decía que era libre, y que de besar tantos sapos alguno se transformaría en príncipe.

-S, ¿Vos qué pensas? Creo que el de gorrito es lindo. Me hace acordar a un actor pero no me acuerdo quien. – Vicky miraba de reojo tratando de parecer disimulada pero no lo conseguía.

-Son tontos. Como todos lo chicos de nuestra edad. – Fue mi sentencia. La verdad es que estaba acostada mirando el cielo, totalmente ajena a la situación. Y como no me caracterizo por ser la persona más sociable del mundo, el debate sobre si acercarnos o no, no me interesaba.

Estaba sumida en mi propio universo cuando de repente escuché un grito.

-¡CUIDADO!

Una pelota a toda velocidad cayó a los pies de mi mejor amiga, Vicky, y el chico con gorra se acercó a buscarla. Cuando me incorporé para ver si todos estaban bien, algo me llamó la atención. Fue como si estuviera viendo una película romántica, sus ojos se encontraron y ninguno de los dos podía dejar de sonreir. Parecía que el aire se volvía lento y espeso, y todos estábamos en ese momento de trance esperándo que sucediera algo.

Debo admitir que siempre fui buena observadora, y puedo crear en mi mente historias eternas en cuestión de segundos. Además, tengo un sexto sentido y sé perfectamente cuando surge el amor en los demás, aunque conmigo misma parece ser un don absolutamente inútil. En este caso también lo sentí, sabía con seguridad que estaba empezando algo.

– Hola, Soy Marcos. ¿Te lastimé? –  Se agachó para quedar a la misma altura de Vicky que estaba sentada en el suelo.

– No, ni me tocó la pelota – Dijo ella casi en susurro tratando de no sonar nerviosa.

– Que bueno. – Y las sonrisas cursis de los dos iban en aumento – ¿Me puedo sentar con ustedes? Ya me cansé de jugar al rugby, no soy muy bueno. Además creo que todavía no tuvimos la oportunidad de conocernos. ¡Hey chicos, vengan a sentarse acá!

Marcos llamó a sus amigos, aún antes que nosotras le dijéramos si podían sentarse ahí o no. Ellos tardaron unos segundos en venir, se hicieron algunas señas primero, y como si estuvieran en medio de un videoclip empezaron a caminar casi en cámara lenta hacia nosotras. Bueno, quizás lo del videoclip fue un poco parte de mi imaginación.

Mis amigas soltaron esas risitas tontas que hace cada chica cuando un chico lindo se acerca. Yo odio esas risitas tontas, creo que nos hacen parecer estúpidas, como si creyéramos que son algo así como dioses que tenemos que admirar. Me sentí un poco incómoda, como si estuvieran invadiendo mi espacio personal. No tenía ganas de pasar mi hora libre soportando a unos chicos que se creían mil.

Pero ya estában ahí, sentados en ronda con nosotras, y analizándonos como nosotras a ellos. Hubo unos segundos de un silencio incómodo, como si nadie supiera exactamente qué decir, hasta que por fin el chico que estaba al lado de Marcos habló.

– Soy Arthur, hola.

-¿Arthur? – Dije extrañada, casi sin pensarlo, y más alto de lo que pretendía. Abrí los ojos enormemente al instante, nunca soy la primera en hablar y me moría de verguenza no sé por qué.

-Sí, mis viejos tenían una manía por la literatura y las cosas antigüas o algo así, y no tuvieron mejor idea que ponerme un nombre que odiaría toda mi vida. Pero ya estoy acostumbrado a que a la gente le suene raro.

Yo me había puesto totalmente colorada. No había sido mi intención mostrar mi curiosidad en voz alta. Por lo general siempre soy la que menos habla, me gusta el silencio y prefiero no decir nada a no ser que tenga algo muy bueno que decir. Pero esa vez se me escapó, sentía que había metido la pata y estaba empezando con el pie izquierdo.

– Perdón, no quise sonar mal, es sólo que nunca había conocido a alguien con ese nombre. No es que el nombre tenga algo malo, solo que suena raro, como antiguo. No es que vos seas antiguo..

Me había puesto nerviosa, y cuando estoy nerviosa no paro de hablar. Por dentro pensaba “callate de una vez” pero era como si ignorara mis propios pensamientos

– Es que es un nombre antiguo en alguien joven…

Arthur me miraba fijo y con una pequeña sonrisa. Yo me había puesto nerviosa ¿Por qué tan nerviosa? No lo sé, pero no podía detenerme.

– Sí, ya entendimos S. – Vicky me detuvo y me miró con complicidad. Había sido mi bote salvavidas, siempre lo era, por eso erámos tan buenas amigas.

S, siempre me habían llamado así. Quizás porque mi nombre es Sol y no hay forma de hacerlo más corto. Vicky por ejemplo es Victoria, ¿Pero cómo acortás el nombre Sol? Bueno, para Vicky era muy claro, era S y en Inglés. Pero no crean que había sido una idea origial, este era simplemente un gran indicio de lo mucho que nos gustaba Gossip Girl.

De repente la música me trajo de vuelta a la realidad.

Gangnam Style empezó a sonar desde la mochila del chico más alto. Había puesto play a su reproductor sin querer cuando se sentó arriba del celular. Nos quedamos todos en silencio mientras la música sonaba, era una canción un poco vieja pero bastante pegadiza, y por supuesto todos habíamos visto el video con el pasito ridículo que se repetía sin cesar. Marcos se paró de golpe y empezó a saltar al ritmo de la canción.

Fue automático, todos saltamos como si tuvieramos un resorte y nos pusimos a bailar. Cualquiera que nos hubiera visto hubiera pensado que estábamos locos, pero era como si hubiéramos perdido toda la vergüenza. Nos reíamos a carcajadas, haciendo totalmente el ridículo, y por primera vez desde que nos juntamos, nadie estaba tensionado ni haciendo una pose para quedar bien.

Nos pasamos el recreo bailando, una canción tras otra. Era nuestra propia fiesta privada en medio del colegio. Cantábamos y nos hacíamos caras graciosas unos a otros. Todo lo que parecía complicado y extraño hace un momento, se hacía vuelto amigable en un instante.

Arthur se me acercó.

-No te preocupes, S. – Dijo con un poco de tono de burla, pero realmente sin mala intención. – Parece que los dos tenemos una historia detrás de nuestro nombre. Quizás ser diferente sea algo bueno.

No dije nada. Simplemente sonreí, y él me devolvió la sonrisa.

Y nos entendimos, fue el primer acuerdo en silencio que hicimos, el primero de muchos.

S.

el encuentro - HCS

–> Capítulo 2 – El libro